Hay quienes consideran que no puede cambiar una sociedad si se encuentra secuestrada por una misma “clase política” que la mantenga pobre, reprimida, azuzada, mal educada e inculta.
Pensar en esa opinión, me hace recordar aquella historia del elefante de circo que no es capaz de liberarse, a pesar de que solo está detenido por una cadena amarrada a una estaca clavada en el suelo, porque lo han tenido así desde pequeño, cuando efectivamente no podía soltarse.
¿Qué es lo que le da poder a la “clase política”?
Gene Sharp, en su obra Poder y resistencia, señala que: “El poder político es la capacidad de controlar la conducta de otros directa o indirectamente”. En su análisis de las fuentes del poder, concluye que los gobernantes nunca tienen poder por si mismos, sino que todo el poder se les concede desde el exterior, por la sociedad, en la medida que esta obedece las órdenes del que asume el papel de líder. En consecuencia, si los sujetos que integran una sociedad se niegan a obedecer, los gobernantes se quedan sin poder.
Una “clase política” podrá mantener “secuestrada” a una la sociedad, hasta que esa sociedad se niegue a seguir raptada. Pero, no siempre obedecer implica un “secuestro”. El secreto está en saber a quién se obedece y tener claras las razones para hacerlo. Una sociedad en la que no se lo otorga poder político a nadie, cae en la anarquía.
Afirma Sharp que “el que conoce las razones de la obediencia, conoce la naturaleza íntima del poder”. En ese sentido, la construcción de una sociedad diferente va de la mano con la decisión consciente de esa sociedad sobre a quien debe obedecer y a quien no.
En México, sin lugar a dudas, la sociedad va creciendo en conocimiento y conciencia. No podemos negar que la madurez política de nuestro país es sustancialmente diferente hoy a la que se tenía, por ejemplo, a principios de los años 80´s del siglo pasado. Sin embargo, aún hay mucho por hacer.
Transformar la sociedad requiere de trabajo y compromiso, pero se puede, ¡claro que se puede!
